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Martes, 15 de Junio de 2010 11:37
¿Cuándo comienza la vida humana?
Enciclopedia de Capacitación Provida
http://www.provida.es/valencia/enciclopedia/5.htm
* Documentos.
* La vida es sagrada desde el momento de la concepción.
* ¿Cuándo comienza la vida humana?
* El comienzo de la vida humana según el profesor de genética Dr. Lejeune.
* La clonación humana no es posible.
* La vida humana es una continuidad genética desde la célula inicial.
* Los "anticonceptivos" abortivos y la fertilización in vitro quebrantan el quinto mandamiento.
* La presumible frecuencia de muertes tempranas en los óvulos fertilizados.
Documentos
Basados en estos primeros principios de doctrina humana y cristiana referidos al matrimonio, debemos insistir nuevamente en que la interrupción directa del proceso generativo ya comenzado debe rechazarse totalmente como medio legítimo de regular el número de hijos. En especial debe rechazarse el aborto directo, aun cuando se haga por razones de salud (Humanae Vitae No. 11).
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Desde el punto de vista moral ... está claro que, aunque haya alguna duda sobre si la entidad concebida es ya una persona humana, es un pecado objetivamente grave exponerse al peligro de cometer un asesinato: "El que será un ser humano ya es un ser humano" (Tertuliano, Apologeticum IX, 8; Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, "Declaración sobre el Aborto", 18 de noviembre de 1974; The Pope Speaks, 1975, pp. 250-262).
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Esta Congregación es consciente de los debates actuales relacionados con el comienzo de la vida humana, la individualidad del ser humano y la identidad de la persona humana. La Congregación recuerda las enseñanzas contempladas en la Declaración sobre el Aborto Procurado:
"Desde el momento en que el óvulo es fertilizado, comienza una nueva vida que no es ni la del padre ni la de la madre; es más bien la vida de un nuevo ser humano con su propio crecimiento. Nunca se haría humano si ya no fuera humano. A esta constante evidencia... la moderna ciencia genética aporta una valiosa confirmación. Se ha determinado que, desde el primer instante, está establecido el programa de lo que este ser viviente será: un hombre, este hombre individual con sus aspectos característicos ya bien determinados. A partir de la misma concepción, comienza la aventura de la vida humana y cada una de sus grandes capacidades requiere tiempo... para encontrar su lugar y para estar en disposición de actuar" (n. 12-13).
Ciertamente ningún dato experimental puede ser en sí mismo suficiente para demostrarnos la existencia de un alma espiritual; sin embargo, las conclusiones de la ciencia concernientes al embrión humano brindan una valiosa indicación para discernir por medio de la razón una presencia personal en el momento de esta primera aparición de una vida humana: ¿Cómo podría un individuo humano no ser una persona humana? El Magisterio no se ha vinculado expresamente con una afirmación de naturaleza filosófica, pero reafirma constantemente la condena moral de todo tipo de aborto procurado. Esta enseñanza no ha cambiado y es inalterable.
Por tanto, el fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde el momento en que se ha formado el cigoto, exige el respeto incondicional que se debe moralmente al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el momento de la concepción y por consiguiente, desde ese mismo momento deben ser reconocidos sus derechos como persona, entre los cuales está en primer lugar el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida (Respeto por el comienzo de la vida, Instrucción sobre bioética de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, 22 de febrero de 1987; The Pope Speaks, 1987, pp. 137-156).
La vida es sagrada desde el momento de la concepción
Cuando se juzga desde el punto de vista de la moralidad, el aborto de una vida humana concebida es una transgresión al mandamiento de Dios, bien porque la vida es ya una persona humana, o bien -teóricamente- porque su animación está programada por Dios para una etapa más desarrollada de su existencia. Pues, si ya la anticoncepción es intrínsecamente mala, más aún lo será la interrupción de una nueva vida humana ya comenzada. Y como la nueva vida es al menos probablemente una persona humana con todos sus derechos humanos, el que voluntariamente mata a lo que es probablemente una persona humana es culpable de una ofensa grave contra el quinto mandamiento: "No matarás".
Para explicar esto, suele usarse con frecuencia esta comparación: si un cazador ve un movimiento detrás de un arbusto y no está seguro de si se trata de un oso o de otro cazador, si dispara a lo que hay allí, es culpable de haber estado dispuesto a matar a otro ser humano.
No es posible demostrar que un óvulo humano recién fertilizado no es ya un ser humano, con un alma inmortal creada directamente por Dios todo-poderoso. Las ciencias biológicas no pueden demostrar que Dios no cree a una persona humana en el momento de la concepción. Dios no aparece visiblemente a los ojos humanos cuando crea a una nueva persona. Y la sustancia espiritual del alma no es visible al microscopio.
Lo que el científico y el filósofo pueden discernir es que un proceso vital se inicia en el comienzo, en el momento de la concepción. La vida que a la larga reconocemos como humana -como miembro de nuestra especie- comienza con una célula, cuando el espermatozoide y el óvulo fusionan sus materiales genéticos. Son inciertos todos los intentos que tratan de probar que el óvulo humano fertilizado no es una persona humana. Por lo tanto debemos tratar a lo que es al menos probablemente humano, como un ser dotado de todos los derechos humanos, protegiéndolo -mediante la ley de Dios: "No matarás"- de la destrucción voluntaria por otro ser humano.
La sabiduría humana, y la fe iluminada por la luz sobrenatural, perciben una grandeza en el nuevo ser humano que escapa a la vista de los microscopios y a las reacciones químicas. Ningún ser humano llega a existir a menos que Dios mismo ponga en marcha Su todopoderoso poder creador.
Nuestra apreciación limitada de la Encarnación de Cristo puede ayudarnos a valorar lo que sucede cuando Dios crea a una persona humana con el material genético disponible. La naturaleza humana de Cristo -cuerpo y alma- estaba ungida por la Persona del Hijo de Dios. En ese momento Dios dio órdenes a sus ángeles: "Que le adoren todos los ángeles de Dios" (Heb 1:6). ¿Acaso Dios no asigna un Angel de la Guarda a cada nueva persona humana cuando la crea? Y a nuestro mejor entender, esto ocurre en el momento de la fertilización.
Dios honra a los padres confiándoles la nueva vida para que la amen y la cuiden. El aborto es una traición malvada a esta confianza que Dios ha depositado en los padres, y es una injusticia para con el niño, que tiene derechos recibidos directamente de Dios, independientemente del consentimiento de la sociedad. La reverencia a la nueva vida concebida es, por lo tanto, reverencia mostrada a Dios, y es un reconocimiento de los derechos del niño. Esto es algo básico a nuestra fe y a la justicia y a la cultura humanas.
¿Cuándo Comienza la Vida Humana?
Algunos autores han afirmado que la persona humana no comienza en el momento de la concepción, cuando el espermatozoide y el óvulo se unen, sino un poco después. Las razones que aducen son las siguientes:
1. La posibilidad de que aparezcan gemelos -eso afirman ellos- está todavía presente en las etapas tempranas de la concepción y del desarrollo; parece que nos convertimos en humanos 14 días después de la concepción, cuando aparece la línea primitiva y ya no es posible que se formen gemelos.
2. El primordio de la corteza cerebral, del cerebro específicamente humano, aparece sólo más tarde; en ese momento empieza la vida humana, conjeturan.
Respuesta
Las afirmaciones anteriores de los teólogos no han sido respaldas por la ciencia. La ciencia no puede hallar ninguna señal de cambio en el proceso de crecimiento, una señal del paso del estado no-humano al humano. Ningún científico asevera que se verifique un cambio así.
Si se generan gemelos:
1) O la persona original sigue sin cambios y Dios crea una segunda persona;
2) O Dios creó dos personas en la primera célula, que después se separan en dos cuerpos. Pensemos en los hermanos siameses, dos personas corporalmente unidas.
3) O la primera persona muere (menos probable) y, entonces, Dios crea los gemelos.
El comienzo de la vida humana según el profesor de genética Dr. Jerome Lejeune
El Dr. Jerome Lejeune, médico y profesorinvestigador en genética, explica que el desarrollo es un proceso continuo desde la concepción hasta el nacimiento. El ADN viviente de los 46 cromosomas de la primera célula fertilizada literalmente "organiza" los órganos de esta vida humana desde el comienzo; la fuerza vital en el ADN anima con su propia vida las partículas, los átomos, y las moléculas. La vida anima a los materiales constitutivos del cuerpo, que son intercambiables; pero el mensaje vital los convierte en partes vivientes de un organismo:
Un cromosoma [ADN en espiral] es comparable con un cintacasete en el cual está grabada una sinfonía, la sinfonía de la vida. Es exactamente como si uno comprara un cinta en la que está grabada la sinfonía Eine Kleine Nachtmusik de Mozart; si la pasamos por un grabador normal, no oiremos el nombre del músico, tampoco nos mostrará la partitura con sus notas, aunque estén allí; lo que realmente oiremos es el movimiento del aire de los parlantes que nos transmite el genio de Mozart. Exactamente, de la misma forma, se desarrolla la vida. En las pequeñas cintas-casetes que son los cromosomas están escritas las distintas partes de la creación de cada sinfonía humana y tan pronto como toda la información necesaria y suficiente para formar la sinfonía esté allí, esta sinfonía se tocará por sí sola; es decir, un nuevo hombre está emprendiendo su curso vital (Testimony, Dr. Lejeune, p. 4).
Según nos explica el Dr. Lejeune, la célula inicial se divide en dos 20 horas aproximadamente después de la fertilización; pasadas aproximadamente 20 horas más, una de las dos vuelve a dividirse; ahora hay 3. El fenómeno es bien conocido entre los genetistas, aunque ignoremos por qué ocurre así exactamente. Uno se ve tentado a sugerir que las tres células, a través de la comunicación biológica, finalizan su individualidad corporativa antes de proceder a un posterior desarrollo.
Después de una pausa transitoria en la etapa de las tres células, la otra célula de la primera generación también se divide; ahora hay 4; las 4 se dividen en 8, luego en 16; en la etapa de 16 células, o posiblemente en la etapa de 32 células, se produce una compactación; las dos células que se habían dividido primero, y posiblemente la tercera célula de la división retrasada, se compactan dentro de la esfera formando su centro; estas 3 células forman el cuerpo.
En la periferia, alrededor de estas 3 células núcleo, están las otras 13; 7 están colocadas en posiciones satelitales o ecuatoriales en relación con las 3 células núcleo; otras 3 están ubicadas arriba y 3 abajo, en posiciones polares. Estas 7 + 3 + 3 forman la placenta. El Dr. Lejeune informó que los gemelos no pueden formarse de las células satelitales o polares; que sólo una célula (o células) núcleo puede iniciar la división en gemelos. Además, esta división no puede ocurrir más allá de la etapa de 16 o 32 células. (Conversación privada, Houston, 14 de abril de 1993).
El Dr. Jerome también observó que la individualidad de una vida humana es identificable en una etapa muy temprana, antes de que la línea primitiva o el primordio de la corteza cerebral hagan su aparición. En 1987, se hizo el descubrimiento de que puede identificarse el ADN de un embrión de 3 días, cuando hay 4 u 8 células. Investigadores que trabajan en fertilización in vitro fueron capaces de extraer una célula pinchando con cuidado la zona pellucida, haciendo un agujero minúsculo, extrayendo la célula y luego cerrando el agujero. El ADN de esta célula fue entonces reproducido por "polimerización en cadena" para hacer un análisis. Sólo una persona en el mundo tiene el patrón específico de ADN que marca a este individuo. "El ADN específico de cada persona, después de haber usado la técnica, se verá como una pequeña sucesión de líneas -líneas de diferentes grosores a distintas distancias- que forman un patrón distintivo para cada ser humano. Se parece mucho al código de barras que estamos acostumbrados a ver en el supermercado...", un código de ADN que es "absolutamente específico para cada uno de nosotros". ("Genes and Human Life", en ALL About Issues, otoño de 1971). Si los individuos son identificables 3 días después de la fertilización, su identidad no está sujeta a duplicación más tarde.
La clonación humana no es posible
Los científicos incluso han experimentado con la clonación de embriones humanos en una etapa muy temprana. El experimento fue llevado a cabo por un equipo de investigadores en la Escuela de Medicina de la Universidad George Washington (Washington DC). Tras ser publicado el experimento, el Papa Juan Pablo II, el 20 de noviembre de 1993, reaccionó fuertemente reclamando el reconocimiento legal del embrión humano, para protegerlo del análisis o de la experimentación: "El embrión tiene que ser reconocido como un ser sujeto a las leyes de las naciones, de lo contrario, estamos poniendo en peligro a la humanidad" (AFP-Jiji). Son necesarias, entonces, leyes que pongan límites a lo que pueden los científicos hacer con los embriones humanos. El Dr. Lejeune, que siempre se opuso que se experimente con seres humanos incipientes, explicó el experimento de la siguiente manera:
Tomaron 17 embriones humanos vivos, en diferentes etapas del desarrollo -desde dos a ocho células- y crearon a partir de ellos 48 embriones humanos vivos distintos.
En la primera fase del experimento, los investigadores eliminaron de cada embrión la "zona pellucida", una cubierta dura, en forma de coraza, que nutre y protege al bebé en desarrollo. Luego, los investigadores separaron cada embrión en sus células individuales, llamadas blastocistos.
Los 48 blastocitos resultantes fueron recubiertos con una sustancia sintética que hiciese el papel de zona pellucida y los sumergieron en una solución propicia para su desarrollo embrionario. Los blastocistos, de hecho, comenzaron a dividirse y a crecer, desarrollando embriones humanos distintos, cada uno genéticamente idéntico al embrión original del cual fue tomado.
Los nuevos embriones desarrollados llegaron a estadios que variaban desde dos a treinta y dos células cada uno. Los investigadores planeaban destruir los embriones pasados siete días, pero todos murieron por sí solos en los primeros seis días (reseñado en National Right to Life News, 5 de noviembre de 1993).
En un artículo posterior titulado "L'Embryon Deshumanise" (publicado en Tom Pouce, marzo-abril de 1994), el Dr. Lejeune aporta más información sobre el experimento de Washington. A saber, que cuando una célula fue aislada del óvulo fertilizado en la etapa de 8 células, se dividió sólo tres veces, produciendo 2, después 4 y luego 8 células; después no se dividió más. Si se la aisló en la etapa de 4 células, se dividió sólo cuatro veces, para alcanzar 2, luego 4, luego 8, luego 16 células, y después dejó de dividirse; cuando se la aisló en la etapa de 2 células, se dividió cinco veces, para alcanzar 2, luego 4, luego 8, luego 16, luego 32 células, donde la división cesó. El Dr. Lejeune afirmó que la clonación humana es imposible porque, después de la primera división, las células resultantes ya no tienen una potencia plena.
En este artículo, el Dr. Lejeune sugiere que la división de los gemelos podría ocurrir posiblemente en la etapa de 32 células, cuando las tres células somáticas de la etapa de 16 células son seis y pueden por lo tanto dividirse en dos conjuntos de tres. La división de los gemelos estaría escrita en los genes en el momento de la concepción y se produciría en la división secuencial indicada.
La Dra. Marie Peeters, colega del Dr. Lejeune en el Institute de Progenese de París, explica que los genes masculinos y femeninos se asocian como un equipo que se complementa para dar forma al nuevo cuerpo humano:
Los métodos de la embriología tanto genetica como experimental han descubierto una característica muy importante del desarrollo embrionario en los seres humanos. Se ha demostrado que los complementos genómicos femeninos y masculinos se imprimen de diferente forma, de modo que es absolutamente necesaria una contribución de los genomas maternos y paternos para que el embrión complete su desarrollo normal. Las impresiones genómicas diferenciales parecen añadir ciertas informaciones nuevas y esenciales a las ya contenidas en las secuencias genómicas (Conferencia de HLI en Moscú, 12 de mayo de 1994, pp.4-5).
Después de otras explicaciones, la Dra. Peeters concluye: "El genoma humano es activado por la etapa de dos células. Esto hace que la verdadera clonación humana sea imposible" (Ibid., p. 6). Podemos concluir que, lógicamente, si la clonación es imposible en la etapa de dos células porque las secuencias genéticas no pueden volver a la fase cero para iniciar un segundo cuerpo, sino que siguen especializándose para la formación de un cuerpo, entonces, la división en gemelos, por decantación natural, tampoco es posible después de la primera división de la célula, a menos que haya estado pre-escrita en la célula inicial.
La ciencia no aporta ninguna señal que apoye la creencia de que nuestra vida humana comenzó en una colonia de células días, semanas o meses después de la concepción. Por el contrario, prueba que la vida posterior es la misma, genética y constitutivamente, que la vida que siguió al desarrollo de ese comienzo, a partir de la primera célula. La respuesta del Prof. J. Francois Mattei (Le Monde, 12 de octubre de 1993) a la pregunta de un periodista sobre si él sostenía que un embrión es equivalente a un niño, resume esto clara y suscintamente:
El embrión no es otra cosa que la expresión morfológica de una vida singular, idéntica a la del óvulo fertilizado antes de él, e idéntica a la que se desarrolla después de él: la del feto, la del bebé recién nacido, la del niño, la del adolescente, la del adulto y la del anciano. (citado por el Obispo Elio Sgreccia, L'Osservatore Romano, 10 de noviembre de 1993).
Dios crea nuestras almas por una acción directa e inmediata, de la nada; crea nuestras almas -nuestras vidas- no con anterioridad, en el cielo, sino en los gametos proporcionados por nuestros padres. Ejerciendo Su poder todopoderoso, Él declara: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza" (cf. Gen 1:26). Lo que Dios ha creado de la nada, que el hombre no ose lastimar o matar. Y si es verdad que Sus primeras acciones en los gametos humanos son preparatorias a una acción creativa posterior, que ningún hombre interfiera en Sus planes. Lo que Él ha decidido crear como hombre, es ya un hombre en lo que a nosotros concierne.
En el manual de teología moral para seminaristas del P. Peschke, está ausente el testimonio anterior de los científicos. En lugar de científicos, el autor pone una lista de 20 teólogos que sostienen que "la animación u hominización del óvulo fertilizado" se produce después, "quizás 16 días después de la concepción". Las "autoridades" citadas son: M. Hudczek, P. Schönenberg, G. Siegmund, J. Donceel, J. Gründel, H. Rotter, W. Ruff, B. Häring, C. Curran, G. Lobo, J. Diamond, E. Chiavacci, G. Pastrana, F. Böckle, R. McCormick, J. Mahoney, J.F. Malherde, N. Ford, T. Shannon y A. Wolter (edición de 1993, p. 317). El P. Peschke concluye que si ellos tienen razón, entonces "nadie puede hablar de aborto en sentido estricto antes de un lapso de 16 días... La prohibición de una interferencia en esta etapa temprana no debería basarse razonando de que el pre-embrión es una persona" (p. 319).
¿Por qué el P. Peschke intenta hacernos dudar, citando todas estas "autoridades", de si este supuesto "pre-embrión" posee identidad de persona? Él espera, al igual que los teólogos mencionados, que un futuro Papa legitime en la Iglesia la anticoncepción y los abortos tempranos, de forma que la fertilización in vitro -con sus muchos productos humanos "desechados"- pueda entonces ser también autorizada? Recordemos el Proberbio:
El necio no encuentra placer en comprender, sino en pregonar sus propias opiniones.
(Prov. 18:2)
El mismo P. Peschke, en su manual de teología moral, cita la frase siguiente de la Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe de 1987: "El ser humano debe ser respetado y tratado como una persona desde el momento de la concepción" (op. cit., p. 320). Pero al citar a todos estos disidentes, el autor tiende a obscurecer el claro principio moral de que uno no puede matar deliberadamente lo que es probablemente humano. El manual no cita a los genetistas, tales como el Dr. Jerome Lejeune y la Dra. Marie Peeters, que muestran que las conclusiones científicas de estos 20 teólogos, salva reverentia, no son correctas. Si el autor trata de ahondar en la ciencia, debería citar a científicos para edificación de los seminaristas, no a teólogos obsesionados por justificar el uso generalizado de anticonceptivos-abortivos y la práctica de la fertilización in vitro (véase más adelante), mediante la cual muchos seres humanos son destruidos y/o manipulados.
Las usuarias de las minipíldoras, del DIU, de los diversos anticonceptivos químicos que existen actualmente en el mercado, deben reconocer que transgreden la ley de Dios no sólo porque procuran la anticoncepción, sino porque objetivamente están realizado abortos: ya está probado que en estas usuarias se concibe una nueva vida cada cierto tiempo. Los fabricantes, comerciantes, colaboradores y usuarios de estos medios a veces abortivos no se granjean la amistad de Dios por desobedecer voluntariamente Su mandamiento: "No matarás". Porque cada vez que es concebida una nueva vida en estas usuarias, los mismos medios a los que recurren impiden que el recién concebido se implante en el útero y se desarrolle. Al estrangular así esta nueva vida, son culpables de matar a un ser humano.
Muerte natural temprana de un óvulo fertilizad
Algunas personas razonan que Dios no crea una persona humana antes de que el recién concebido se implante en el útero, donde la posibilidad de un desarrollo adecuado se establece firmemente. Afirman que el 40-50% de las concepciones son descartadas por la naturaleza antes de que lleguen a implantarse con éxito en él útero. Dios no malgastaría así la creación de vida humana, opinan. ¿Qué hay que decir al respecto?
Respuesta
Aunque sea verdad que el 40-50% de los óvulos fertilizados son descartados por la naturaleza, no podemos probar con certeza que Dios no cree personas humanas en ellos también. El Dios que creó miríadas de ángeles que no tienen cuerpo, también puede crear miríadas de seres humanos a imagen y semejanza espiritual de Dios, aunque sus cuerpos sean diminutas células únicas, o pequeños embriones. El hombre que mata a un embrión realizando un aborto temprano, ya sea, como mencionamos antes, por medios químicos o mecánicos, invoca para sí la culpa de matar voluntariamente a este ser humano creado por Dios.
Lo mismo debe decirse de la fertilización in vitro de embriones. Cuando los técnicos los destruyen por no ser aptos para transferir al útero, o porque son superfluos, violan el quinto mandamiento: "No matarás". Y si los congelan, son culpables por manipular, de una forma totalmente injusta, a otro ser humano, una criatura de Dios con todos sus derechos. La razón por la que la fertilización in vitro es intrínsecamente mala es explicada, en primer lugar, por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en la instrucción Respeto por la Vida Humana en el Origen y la Dignidad de la Procreación (22 de febrero de 1987). El documento cita a Tertuliano: " El que será un ser humano ya es un ser humano" (Apologeticum IX, 8), y continúa:
Como consecuencia del respeto y la protección que debemos asegurar al niño no nacido desde el momento de la concepción, la ley debe prever sanciones penales adecuadas para cada violación deliberada de los derechos de los niños. La ley no puede tolerar -en realidad debe prohibir expresamente- que los seres humanos, incluso en esta etapa embrionaria, sean tratados como objetos de experimentación (Parte III).
Pero, ¿es verdad que el 40-50% de los óvulos humanos fertilizados son descartados por la naturaleza y no se implantan con éxito en el útero, como afirma el texto del P. Peschke (edición de 1990, p. 355)? Probablemente se trate de una grosera exageración. Son afirmaciones que no pasan un examen científico riguroso. Los estudios sobre la pérdida temprana de embriones humanos que siguen a la concepción natural aportan cifras que varían entre el 8% al 78%. En todos estos estudios las parejas participantes deben ser representativas de la población normal y los métodos usados para establecer que se ha producido la concepción deben ser científicamente probados. El estudio que más satisfizo estos requerimientos reportó la cifra del 8% (John McLean, 24).
¿Cómo llegamos a esta cifra del 8% y no a la del 40-50%? El embrión comienza a segregar la hormona Gonadotropina Coriónica Humana (GCH) el día 6 después de la concepción, lo que puede ser verificado en la sangre de la madre. Si el nivel de GCH aumenta, indicando que se ha concebido un nuevo ser humano, pero la menstruación continúa regularmente, ello indica una concepción perdida.
En este estudio, científicamente correcto, los niveles de GCH se elevaron en 92 casos, indicando el inicio de un embarazo; de estos, 7 terminaron con la menstruación normal, indicando la pérdida de un embarazo antes de la implantación; los otros 85 prosiguieron el embarazo. Las pérdidas fueron entonces 7 de 92, es decir un 8%. (Para más detalles, véase el trabajo.)
Pero, se dirá, ¿qué hay de las pérdidas antes del día 6, antes de que la GCH pueda ser detectada? No se han hecho estudios adecuados hasta este momento. El Dr. McLean (p. 26) indica que un estudio de este tipo, para evaluar la concepción en una etapa tan temprana, quizás dentro de las primeras 24 horas, pueda ser posible realizarlo a partir del recuento de plaquetas de la madre. Sin embargo, ese estudio todavía no se ha hecho.
Después de revisar la bibliografía médica, el Dr. H. J. Huisjes concluye: "Si bien por lo general se está de acuerdo con que la incidencia de abortos espontáneos debe ser de alrededor del 15%, todavía no se ha hecho un estudio epidemiológico perfecto" (Huisjes, p. 6). Esto incluye tanto abortos espontáneos tempranos como los tardíos. No existe evidencia científica sólida que respalde la suposición reseñada en los manuales de moral de que el 40-50% de los óvulos fertilizados mueren antes de la implantación. Esta falsedad ampliamente declarada debe eliminarse de los múltiples textos que han copiado esta afirmación infundada en los últimos 50 años.
Se puede detectar fácilmente un embarazo temprano mediante el control de la temperatura. Durante la ovulación, la temperatura pasa de un nivel bajo a otro más alto; aproximadamente dos semanas después, cuando ocurre la menstruación, vuelve a caer al nivel bajo. Si se produce la concepción, el nivel alto puede mostrar una ligera segunda elevación alrededor del día 6 de dicho nivel alto o un poco después; y este nivel más alto continúa pasado el tiempo de la esperada menstruación (que no llegó) y durante los primeros meses de embarazo. Si este nivel más alto es señal de una posible concepción y luego persiste más allá del día 20, pero vuelve a caer y se sigue de una menstruación tardía, todo ello indica probablemente un aborto espontáneo temprano.
El Dr. Joseph Roetzer, del Servicio de Orientación Familiar de Voecklabruch (Austria), desde hace más de 40 años viene estudiado los calendarios de temperatura de las mujeres que llegan al centro; su hija Elizabeth le ayuda; cada vez que una mujer le envía su calendario de temperatura, Elizabeth lo somete a un cuidadoso examen, lo copia y lo archiva, devolviendo después el calendario a la cliente con sus anotaciones. Se han examinado más de 200.000 calendarios de temperatura, y todos quedaron archivados en su oficina. Ellos me dijeron que, por la evidencia surgida de estas tablas de temperatura, consideraban que las pérdidas fetales tempranas eran bastante raras, casi excepcionales. Ciertamente, según afirma el Dr. Roetzer, las pérdidas declaradas de 40-50% no son justificables y es una cifra demasiado alta. Si fuera entre 8-12%, estaría en el rango esperado de otros mamíferos.
Por lo tanto, resumiendo, el estudio científico más reciente indica que el 8% de los embriones se pierde antes de la implantación, no el 40-50%. Pero aunque se perdieran más, esto no nos da el derecho de tratar a los embriones tempranos como si fueran "vidas humanas no personalizadas". Lo que es probablemente un hombre, debe tratarse como hombre. El mandamiento "¡No matarás!" nos obliga rigurosamente a tratar estas vidas con reverencia.









