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Martes, 15 de Junio de 2010 23:00
CAEN LAS RESTRICCIONES A LA PÍLDORA DEL DÍA DESPUÉS
La Iglesia advierte de abortos encubiertos y de riesgos para la salud de las Mujeres
OTTAWA, sábado, 5 junio 2004 (ZENIT.org).- Muchos países han facilitado la
distribución de las píldoras «del día después». Las iniciativas han recibido
fuertes críticas de los obispos locales, que han señalado la naturaleza abortiva
de las píldoras, lo que contradice los anuncios oficiales de que las píldoras
son sólo anticonceptivas y no abortivas.
Hace dos semanas, el ministro de sanidad de Canadá, Pierre Pettigrew, anunciaba
una propuesta de enmienda a las Regulaciones Alimentarias y de Medicamentos que
permita que estén disponibles sin prescripción médica lo que él denominó
«anticonceptivos de emergencia». La píldora estará disponible tras una consulta
con el farmacéutico. Las provincias de la Columbia Británica, Québec y
Saskatchewan ya permiten que se vendan las píldoras siguiendo este tipo de
consultas, afirmaba el periódico Globe and Mail el 18 de mayo.
Los defensores de la medida defendían el cambio de las leyes federales afirmando
que se necesita un rápido acceso puesto que se debe tomar la píldora dentro de
las 72 horas posteriores al intercambio sexual para que sea efectiva.
La medida de Pettigrew atrajo una inmediata reacción de la Conferencia Episcopal
Canadiense. En una declaración el 19 de mayo, la conferencia se refirió a una
carta, de fecha 27 de noviembre, enviada al ministro de sanidad por monseñor
Pierre Morrisette, obispo de Baie-Comeau, presidente de la Organización Católica
para la Vida y la Familia.
La carta de noviembre apuntaba que el embarazo comienza con la concepción, no
con la implantación. «Por lo que es inexacto referirse a esta píldora como
anticoncepción de emergencia, dado su potencial de actuar como un abortivo»,
observaba la carta.
Monseñor Morrisette también defendía que las mujeres que piensan que tienen
necesidad de una «anticoncepción de emergencia» también tienen necesidad de
«consejo, apoyo, información sobre cómo actúa la píldora, sus efectos físicos y
psicológicos, los peligros de un uso regular, el riesgo de enfermedades de
transmisión sexual y guía para sus relaciones». Dudaba que tales necesidades
pudieran «ser verdaderamente resueltas en un contexto de farmacología muy
ocupado, muy público y quizás impersonal».
El Dr. Will Johnston, presidente de Canadian Physicians for Life, en una
declaración el 20 de mayo, subrayaba los riesgos para la salud asociados a la
píldora. Es básicamente una dosis múltiple de un anticonceptivo oral,
levonorgestrel, que se encuentra en la píldora, explicaba. Debido a los graves
efectos colaterales, los fabricantes han reducido el contenido de hormonas en
los anticonceptivos orales.
«Se está ahora animando a las mujeres a que usen estas mismas píldoras, en dosis
múltiples, como ‘anticoncepción’ post-coital», afirmaba Johnston. «El impacto
potencial a largo plazo de estas altas dosis de hormonas, especialmente cuando
se usan repetidamente, es preocupante y no se ha afrontado adecuadamente».
Vía libre en América latina
Este año algunos países latinoamericanos han introducido la píldora del día
después. En enero, las autoridades sanitarias federales mexicanas permitieron la
distribución de la píldora en clínicas públicas, provocando fuertes protestas de
la Iglesia. El 23 de enero, una declaración de la comisión de la Iglesia sobre
temas de pastoral familiar llamaba la atención sobre los efectos abortivos de la
píldora. La declaración también expresaba preocupación por la salud de las
mujeres, debido a la falta de información disponible sobre los efectos
secundarios de la píldora. Además, la difusión de la píldora del día después
muestra cómo se oculta la frontera entre aborto y anticoncepción, observaba la
comisión, llevando a que se extienda la mentalidad contra la vida.
Al mes siguiente, la conferencia episcopal de Honduras denunciaba la
distribución de la píldora del día después en el país. En una declaración el 6
de febrero, los obispos deploraban la campaña puesta en marcha por el gobierno
pocos días después, observando que las autoridades estaban actuando en
conjunción con una gran cadena de clínicas abortivas británicas, Marie Stopes.
La vida es el regalo más grande dado por Dios a los humanos, observaban los
obispos, y sólo el Creador pueda darla o quitarla. Los hombres y mujeres
participan con Dios en la transmisión de la vida humana, pero ésta es una tarea
marcada por la responsabilidad y la dignidad, explicaban.
Los defensores de la planificación familiar defienden que el embarazo comienza
sólo después de que el embrión se haya implantado en la matriz. Pero la
declaración afirmaba que la genética muestra con claridad que una nueva vida
comienza desde el momento de la fertilización. Hablar de un embrión humano
recién concebido designándolo como «pre-embrión» es simplemente un sofisma. Y,
advertían, quienes colaboran en promover métodos abortivos no pueden ser
miembros vivos de la Iglesia.
Posteriormente, en abril, el gobierno colombiano autorizaba a las autoridades
locales que distribuyeran, bajo prescripción médica, la píldora del día después.
El gobierno defendía su actuación diciendo que era necesario reducir el número
de embarazos entre adolescentes, informaba el periódico local El Tiempo el 13 de
abril.
La conferencia episcopal colombiana contestó afirmando que, si bien los
embarazos adolescentes son preocupantes, también es importante respetar la
dignidad y el derecho a la vida.
En Chile también se ha encendido la polémica, como consecuencia de la decisión
de gobierno de autorizar, desde el 15 de mayo, el suministro de píldoras, libre
de costes, a las víctimas de violación. En el año 2001, el Tribunal Supremo de
Chile rechazó los intentos de introducir una clase de píldoras, Postinal, por
sus efectos abortivos.
Sin embargo, el gobierno eludió el dictamen del tribunal usando otro tipo de
píldora, Postinor-2, explicaba el 12 de mayo el periódico El Mercurio. Ya han
llegado las primeras 20.000 de estas píldoras.
La Comisión de Bioética del Episcopado chileno atacó la decisión en una
declaración con fecha del 16 de abril. Hacía notar que se perderían vidas
inocentes. Pero también observaba que no son necesarias evidencias médicas de
violación para que las mujeres obtengan las píldoras. Ni tienen que hacer
ninguna denuncia ante la policía.
El 1 de mayo, una carta pastoral del cardenal Francisco Javier Errázuriz,
arzobispo de Santiago, observaba que se promueven las píldoras como un medio de
aliviar el sufrimiento de las víctimas inocentes. Sin embargo lo que se pone en
peligro es el más básico de los derechos humanos: que es la vida misma. El
respeto por el valor de la vida humana no admite excepciones, defendía. Y el
ejercicio de la libertad se limita por el derecho a la vida de los demás,
añadía.
Acceso por libre prescripción
El mayor acceso a la píldora del día después no se limita a América Latina. La
misma píldora introducida en Chile, Postinor-2, está disponible en los
mostradores de las farmacias australianas desde el 1 de enero. Y hasta chicas de
13 años están comprando las píldoras, informaba el 28 de marzo el periódico de
Melbourne Herald Sun.
Pero quienes se oponen a la píldora del día después lograron una victoria, al
menos temporal, en Estados Unidos. La Administración federal para Alimentación y
Medicamentos rechazó la petición de permitir que una clase de estas píldoras,
Plan B, se vendiera sin prescripción. Los supervisores rechazaron el producto de
Barr Pharmaceuticals debido a la preocupación de si las chicas jóvenes podrían
utilizarlo con seguridad, informó el 7 de mayo el New York Times.
«Estamos contentos de que haya prevalecido la voz de la razón», afirmó Cathy
Cleaver Ruse, portavoz del Secretariado para las Actividades Pro-Vida de los
Obispos de Estados Unidos. «Un medicamento que puede destruir embriones humanos
y aumentar los riesgos de salud para mujeres y chicas no debería estar en los
estantes de las tiendas».
Ruse señalaba que este tipo de píldora del día después se ha relacionado con un
mayor riesgo de embarazo ectópico, una situación potencialmente fatal. Las
autoridades médicas del Reino Unido y Nueva Zelanda han hecho públicas
advertencias sobre los peligros del medicamento. La agencia de Estados Unidos,
sin embargo, afirmó que reconsideraría su decisión sobre el Plan B si el
productor presenta más información. Esto significa que podría volver el debate
en Estados Unidos.
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