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Martes, 16 de Febrero de 2010 17:56
Descargar Desdramatizar, José Luis Requero
Magistrado
Fuente: La Razón. Opinión , 10 marzo 2009
Morín gozará de una suerte de amnistía y las clínicas ya no tendrán que vivir instaladas en el fraude
Jamás se desdramatizará el drama que representan nuestros gobernantes
En los ambientes abortistas europeos España es famosa por sus paradojas. Nuestra legislación pasa por ser muy restrictiva, pero la gran tolerancia -léase impunidad- ha hecho que abortar aquí sea jauja
Leo que se ha reunido por vez primera el Comité de Bioética de España. Y leo que uno de sus componentes, mi compañero Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, aboga por «desdramatizar» temas como el aborto o la eutanasia. Desdramatizar. Hacía tiempo que no oía esta palabra. En el argot político en su día fue muy utilizada para atenuar el impacto de reformas o problemas sociales que generaban desasosiego o polémica. Curiosamente esa palabra no figura en el diccionario de la Real Academia, así que para dar con su sentido exacto me voy a fuentes tan fiables como el libro de estilo de «El País», que dice: Desdramatizar: «Quitar importancia a algo». Bingo. Todo cuadra, porque según Martín Pallín «hay que hablar de interrupción del embarazo y no de aborto para “desdramatizar“».
Hace poco me refería en estas páginas a cómo manipula el lenguaje el Informe que el Congreso de los Diputados ha aprobado de cara a la inminente reforma de la ley del aborto. En ese texto no se menciona al no nacido y en vez de aborto se habla de «interrupción voluntaria del embarazo»; y va a más: emplea el acrónimo «IVE», por lo que auguraba que llegará el día en que no se dirá ya aborto ni abortar, sino ive e ivear. Pero me quedo con lo de «quitar importancia» al aborto o a la eutanasia porque, en efecto, ahí está la clave de la nueva ley con la que se quiere inaugurar una nueva era, una nueva mentalidad. Veamos. Más aborto libre que hay ahora no lo va a haber; el número de abortos no se disparará como un cohete, sino que seguirá como hasta ahora: al alza, año tras año. Si esto es así, ¿qué aportará, por tanto, la nueva ley? Al menos dos cosas.
La primera beneficia el negocio abortista. Que la impunidad con la que hasta ahora actuaba pase a ser ya letra de la ley. Morín gozará de una suerte de amnistía y el resto de las clínicas ya no tendrán que vivir instaladas en el fraude, en el delito tolerado. Y esto no lo digo yo. En los ambientes abortistas europeos España es famosa por sus paradojas. Nuestra legislación pasa por ser muy restrictiva, pero la gran tolerancia -léase impunidad- ha hecho que abortar aquí sea jauja. Llegó a decir la presidenta de las asociaciones de clínicas abortista que éramos la envidia de Europa. El segundo objetivo es ideológico, y aquí ya cuadra la desdramatización: se trata de sacar el aborto del Código Penal, hacer de él un acto clínico más ligado a la salud reproductiva de la mujer y, sobre todo, la consagración de su libre voluntad. Todo esto se empaquetará en una ley integral y se le pondrá el pomposo lazo de que «ha nacido un nuevo derecho».
Hay que desdramatizar. Para mi colega Martín Pallín -sigo el libro de estilo de «El País»- se trata de quitar importancia a que una madre mate a su hijo. No pasa nada. Y otro tanto con la eutanasia. Hay que «quitar importancia» a que en la Unión Europea haya ancianos que se exilien de Holanda, huyendo de ciertos hospitales. Matar no tiene importancia. Leía hace unos días el testimonio de un «médico» abortista. Había practicado cientos de abortos y presumía de tener siete hijos. Y es que es eso: es lo mismo tener un hijo o matarlo antes de nacer, lo que cuenta es que exista libertad para hacer una cosa u otra. No hay un medidor objetivo de la moralidad de los actos, basta la libre determinación. Ya lo dijeron Zapatero y Peces Barba, profetas del quinto evangelio. Digo esto porque en el cuarto -el de San Juan- se lee que «la verdad os hará libres». Estos nuevos Mesías lo enmiendan y dicen que no es así, sino que «la libertad nos hace verdaderos». Hacer lo que en cada momento convenga, esa es la única verdad sobre la persona.
Hay que quitar importancia. No sé si Martín Pallín habrá visto fotos o películas de algo tan poco importante como es la práctica de un aborto: decapitaciones, desmembraciones, abrasiones, agonías en un cubo sanitario, etc. Pero desdramaticemos: son residuos sanitarios. Imagino que tampoco tendrá importancia el trauma que de por vida padece la mujer que aborta, pero la tiranía ideológica del feminismo radical y totalitario exige su inmolación. Además, como las cuentas de resultados del negocio abortista mandan, hay que buscar más materia prima. Se explica así que las menores de edad puedan abortar sin autorización paterna, una exigencia de las clínicas abortistas para prescindir de las autorizaciones falsas y de paso ensanchar su clientela. ¿Corrupción de menores? ¡Por favor!, desdramaticemos.
Y aparece la Ministra de Igualdad y nos dice que si una chica de dieciséis años puede quedarse embarazada, ¿por qué no va a poder abortar? Su Ministerio más que de Igualdad es el Ministerio del «da igual».Éste es el nivel intelectual -y moral- que nos gobierna. No sé si se acabará desdramatizando el aborto, de lo que estoy convencido es que jamás se desdramatizará el drama que representan nuestros gobernantes.









