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Jueves, 03 de Diciembre de 2009 03:41
Dadas las nuevas evidencias y estudios recientes sobre el trauma tras el
aborto, se ha realizado este Informe sobre la evidencia científica actualizada
del riesgo psicológico que pueden sufrir las madres y padres que abortan a un
hijo por habérsele diagnosticado durante el embarazo un riesgo más o menos
elevado de malformación. Sólo se han empleado artículos científicos
publicados en revistas de alto índice de impacto con revisión doble e indexadas
en la U.S. Nacional Library of Medicine (Pubmed.gov)
1
.
En estudios realizados hace ya 8 o más años se demostraba que el aborto provocado por malformación fetal tiene riesgos psicológicos que es preciso conocer y a los que había que dar respuesta. De hecho, cuatro estudios, dos de 1993, y otros de 1997 y 2001 demostraron que las mujeres que abortaban a un hijo por un diagnóstico prenatal positivo presentaban secuelas
igual de graves que la pérdida de un hijo sano
durante el embarazo o parto, y que la interrupción voluntaria del embarazo en este supuesto causa aislamiento social y depresión (Iles and Gath 1993; Zeanah, Dailey et al. 1993; Salvesen, Oyen et al. 1997; Schutt, Kersting et al. 2001). En dichos estudios se comparaba el estado psicológico posterior de dos grupos de mujeres: el primer grupo que abortó por malformación y el segundo que perdió un hijo por aborto espontáneo, ambas pérdidas en el segundo trimestre de gestación. Los investigadores de estos cuatro trabajos internacionales alertan de que el aborto supuso en casi todos los casos un trauma. Los resultados mostraron que la sintomatología no difería entre ambos grupos y que entre las mujeres cuyo aborto era provocado por malformación – no espontáneo -
un 17% fueron diagnosticadas de depresión mayor y un 23%
precisaron tratamiento psiquiátrico
(Zeanah, Dailey et al. 1993).
1
Accesible online en:
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/sites/entrez/
INFORME SOBRE ABORTO POR MALFORMACIÓN Y RIESGO PSICOLÓGICO – AVA - 4-07-2008 2 Además, hubo en la década de los 90 otros estudios indicaron el estrés grave que podía llevar el aborto por malformación y sus graves efectos en la madre y padre (Di Giusto, Lazzari et al. 1991; White-van Mourik, Connor et al. 1992; White-Van Mourik, Connor et al. 1992; Kolker and Burke 1993; Lilford, Stratton et al. 1994). En los dos estudios de los investigadores de Glasgow se demostró que después de 2 años tras el aborto por malformación, todavía un
20% de madres
del estudio de 68 matrimonios tenían brotes de llanto, tristeza e irritabilidad tras el aborto
(White-Van Mourik, Connor et al. 1992). Los
maridos también relataron en un porcentaje elevado falta de concentración e irritabilidad durante el primer año. Además, un
12% de los matrimonios
sufrieron crisis temporales durante este primer año
e incluso algún
matrimonio llegó a romperse durante este breve periodo. Por su parte, otro estudio de Leeds en Reino Unido examinó a 57 parejas que habían abortado de forma espontánea o provocada por malformación, ofreciéndoles asesoramiento psicológico de forma aleatoria tras abortar y no presentar problemas psicológicos graves tras éste (Lilford, Stratton et al. 1994). Querían evaluar si resultaría clínicamente útil ofrecer el asesoramiento psicológico a todas las parejas, incluso aquellas que parecían no tener problemas psicológicos tras el aborto por anomalía fetal. Entre los resultados cabe destacar que, aunque no pudo demostrarse de forma rotunda que la intervención del psicólogo que se empleó fuera eficaz, sí resultó de interés contar con esta asistencia
ya que las parejas del grupo con psicoterapia
que la recibieron adecuadamente integraron mejor la pérdida que las que faltaron a la misma
. Además, se encontró sintomatología ligeramente más
grave en las parejas cuyo aborto fue provocado y no espontáneo. En 1995, el Servicio de Genética del Centro Médico de Investigación Pediátrica de la Universidad de Montreal, en Québec, Canadá, realizó un estudio comparativo de las reacciones psicológicas de dos grupos de padres que abortaron tras el diagnóstico prenatal (Dallaire, Lortie et al. 1995). El primer grupo de 76 pacientes tenían riesgo familiar de tener un hijo con malformación y el segundo grupo, de 124, no lo tenían. El
sentimiento de culpabilidad
tras
el aborto estuvo presente en ambos grupos (29 y 79%, primer y segundo grupo respectivamente), así como la
necesidad de recibir asistencia psiquiátrica
(19 y 7%, respectivamente). La Universidad concluye la necesidad del apoyo psicológico durante el diagnóstico prenatal dado la gravedad del duelo que puede presentarse tras el aborto por malformación.









