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Miércoles, 16 de Junio de 2010 12:08
LA PÍLDORA RU 486: POR UN DEBATE HECHO CON RIGOR INTELECTUAL
Antoine Suárez. Doctor en Ciencias Naturales. Zurich.
En su artículo “El debate abortado” (La Suisse, 29 enero 1990), la señora Eckert censura la falta de rigor intelectual en el debate celebrado en el programa “Table ouverte” acerca de la píldora abortiva RU 486 “pues -afirma- la palabra 'niño' ha sustituido rápidamente a la palabra 'embrión'; y todo el mundo ha caído en esa trampa.”
El análisis del debate televisivo permite destacar lo siguiente: si alguien ha caído en esa trampa ha sido el ginecólogo del CHUV (un Centro de investigación), el doctor De Gandi; este, en efecto, declaró con claridad meridiana: “En el aborto se mata a alguien, se mata a una persona (...) Cada vez que lo practico debo hacer violencia a mi conciencia”. Las representantes de las asociaciones para la despenalización del aborto han tenido trabajo para neutralizar ese notable testimonio del señor De Gandi; no dejaron de dar, desde luego, argumentos contra la sustitución de la palabra 'niño' por la de 'embrión'. Pero la moderadora de “Table ouverte” no consideró oportuno que se discutiera. Fue una pena, pues la consideración serena de los argumentos aportados (por otra parte, los mismos que emplea habitualmente el profesor Beaulieu, inventor de la RU 486) puede contribuir a dar un cierto rigor intelectual al debate sobre la RU 486, tal como desea la señora Eckert. Los argumentos son dos:
1º “La fertilización no supone una discontinuidad esencial en el proceso de reproducción. Un óvulo y un espermatozoide son seres vivos. La vida del embrión no hace más que continuar la vida que ya está presente en el óvulo y en el espermatozoide. Afirmar que el embrión es un ser humano es una posición ética y no científica”.(ver Beaulieu, en Science,22 sept 89).
Esta afirmación ignora una observación bien establecida en el desarrollo embrionario: en los mamíferos no hay partenogénesis; un óvulo solo, sin la contribución de un espermatozoide, no puede convertirse en un ser desarrollado; la fertilización marca una discontinuidad esencial en el proceso reproductivo. Karl Ilmensee, antiguo profesor de la Universidad de Ginebra, pretendió haber probado lo contrario, pero eso fue un caso de fraude reconocido ahora. Beaulieu vuelve a tomar (sin ninguna base experimental nueva) la posición de Ilmensee. En el estado actual de las observaciones científicas, es preciso admitir que un embrión, que por principio puede llegar a ser un adulto, es el mismo animal de la especie humana, el mismo hombre que ese adulto. Por el contrario, un óvulo no fecundado no es un individuo de la especie humana.
2º “La naturaleza interrumpe la reproducción cuando no es adecuada. Muchos embriones mueren en abortos espontáneos precoces” (ver Beaulieu, La Recherche, dic 89).
En efecto, hoy es bien conocido que alredeor del 40% de los huevos que resultan de la fusión de los gametos son eliminados naturalmente en las primeras semanas del embarazo. Ahora bien, las investigaciones de los últimos años muestran que la mayoría de esos huevos presentan fuertes anomalías cromosómicas y estructurales (algunos de ellos, por ejemplo, no tienen más que 23 cromosomas, el mismo número que un huevo no fecundado). Estas anomalías (contrariamente, por ejemplo,a la trisomía 21, que da lugar al mongolismo) hacen a esos huevos incapaces, por principio, de desarrollarse. La gran mayoría de los huevos eliminados por la naturaleza pueden, pues, ser considerados como equivalentes a los óvulos antes de ser fecundados por los espermatozoides: no tienen, en realidad, el estatuto biológico de los embriones. Sin embargo, en el estado actual de la investigación, no estamos capacitados para distinguir, con seguridad y sin matarlos, los huevos que son embriones de aquellos que no lo son. Por consiguiente, estamos obligados a proporcionarles las mejores condiciones posibles de desarrollo. Aquellos que no son hombres serán abortados de forma natural. En resumen: con los abortos espontáneos, la naturaleza no elimina hombres enfermos sino organismos no humanos. Por el contrario, el uso de la RU 486 se dirige precisamente a eliminar el huevo que, si no fuera por esa píldora, se convertiría en un adulto y que, por consiguiente, es el mismo ser humano que ese adulto.
Es preciso, por tanto, reconocer con el doctor De Gandi que el efecto de la RU 486 es “matar a alguien”. Invocar el “derecho de escoger” por parte de las mujeres en favor de la RU 486 es una falta de rigor intelectual. Pues no olvidemos que cerca de la mitad de los embriones (a pesar del género masculino de la palabra 'embrión') son mujeres. Los partidarios de la RU 486 no hablan a favor de la mujer. Lo que ellos proponen, en el fondo, es que la mujer adulta pueda disponer s su placer de la vida de la mujer que comienza a vivir. Es preciso, pues, concluir que, en Suiza como en toda sociedad fundada sobre los derechos del hombre (¡y de la mujer!), el uso de la píldora RU 486 debe ser considerado como un crimen, y no por preocupación moral sino por rigor intelectual.
(Publicado en La Suisse, 1º marzo 1990. Traducción: Mario Clavell Blanch)









