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Miércoles, 16 de Junio de 2010 12:10
¿HABRÁ GUERRA QUÍMICA?
Professeur Jérôme Lejeune.
Director del Institut de Progenèse de París.
...por el momento no. La Comisión Especializada no ha dado autorización a los fabricantes para comercializar la píldora abortiva RU 486.
Y eso a pesar de que la promoción había sido ruidosa y el lanzamiento publicitario no había tenido precedentes. El ministro de Sanidad había consultado incluso al Comité de Ética. Pero este se descalificó definitivamente al aprobar la droga abortiva, a condición de que el tóxico sea administrado conforme a la ley Veil: tanto si se actúa de envenenador como si se actúa de abortador, hace falta tener un título, eso es todo.
Pero los verdaderos entendidos, los médicos y los farmacéuticos encargados de decir si una nueva substancia puede ser utilizada en medicina, los especialistas de la Comisión de medicamentos, la han rechazado.
Porque, justamente, no se trata de un medicamento. La píldora contiene dos productos. Uno de ellos -patentado, parece, en Francia- es una especie de llave falsa que mantiene cerrada una cerradura que es accionada normalmente por la hormona del embarazo. Esta anti-progesterona le impide al embrión instalarse en el organismo materno, el cual se convierte, de repente, en un medio hostil a la vida. El otro producto -patentado, parece, en los Estados Unidos- provoca violentas contracciones uterinas; el primero envenena al feto, el segundo lo expulsa.
Esta combinación, totalmente desprovista de virtudes curativas, es de una extrema toxicidad; “a priori” sólo está amenazada la vida del niño que está en camino y no la de su madre; al menos en teoría, pues cabe que surjan complicaciones.
Gracias al rechazo (lamentablemente provisional) de la Comisión, el arma química no es todavía legal. Pero ya se anuncian enormes beneficios. Numerosos países, desarrollados o no, estarían interesados en este pesticida antihumano. Se insinúa que hay mercados considerables en África y en Asia. Una o dos píldoras al mes o mes y medio de embarazo y ya está eliminado el niño, ¡qué eficacia! Pero para que los clientes potenciales compren es necesario que la droga haya demostrado su eficacia, legalmente, sobre los pequeños francesitos.
¡Uno se imagina apenas la terrible mortandad que resultaría de ese envenenamiento en casa que sustituye al aborto en la clínica!
El holocausto químico de millones de concebidos será quizá el horrible final de este siglo que acaba. Si el producto es tan activo como pretenden sus promotores, el inventor de este medio de destrucción masiva, altamente especializado en niños (pues la píldora para eliminar ancianos no ha sido todavía anunciada...) será causa de la muerte de un número mayor de seres humanos de lo que lo fueron en otro tiempo Hitler, Stalin y Mao juntos.
Ciertamente los cadáveres se acumularán menos y los hornos crematorios serán menos necesarios... pero las cifras serán abrumadoras.
El 16 de noviembre de 1984 un decreto francés ha ratificado la “Convención sobre prohibición de fabricación y almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y sobre su destrucción”.
¡Quiera el Cielo que la patria de Pasteur no se deshonre permitiendo el lanzamiento de esa especie de arma binaria, primera máquina específica contra los niños!
En esta primavera que se anuncia esperamos el nacimiento de muchos niños a quienes sus madres han protegido al acudir al Centro Tom Pouce de Vincennes (1). Para ellos la vida ha ganado: para ellos al menos no habrá guerra química.
(1) Centro para embarazadas con dificultades, similar a los que hay en España.
(Publicado en Tom Pouce, le journal de l'enfant a naître, marzo 1988. Traducción: Mario Clavell Blanch).
CB Nº 5, 1º 91, PP. 35-36









