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Miércoles, 16 de Junio de 2010 12:32
Sobrevivientes al aborto
El caso de la bebita Ana Rosa Rodríguez - el carnicero de la avenida "A", por Magaly Llaguno
Así le llaman al abortero de Nueva York, Abu Hayat, quien mutiló a una bebita de ocho meses de concebida, mientras intentaba matarla. La niña Ana Rosa Rodríguez, sobrevivió el aborto a pesar de que pesaba solo tres libras y media y de que el abortero le había arrancado su brazo derecho. La bebita es preciosa, normal en todos los demás aspectos y sonríe con facilidad. Su madre Rosa Rodríguez, de veinte años de edad, declaró llorando que le informó al médico abortero que había cambiado de idea, y que ya no quería abortar. Sin embargo, éste le dijo que tenía que hacerlo, la inyectó y le practicó el aborto de todos modos.
El "Dr." Hayat le cobró a la señorita Rodríguez $l,000.00 en efectivo por el aborto, y retuvo su tarjeta de residencia, su pasaporte y algunas prendas como colateral por los otros $500.00. Al despertar de la anestesia después del aborto, las ropas de Rosa estaban empapadas en sangre y aún así la enviaron a su casa, diciéndole que volviera al otro día. Esa noche se le presentaron dolores intensos y tuvo que ser ingresada en el hospital, donde dió a luz a su hijita mutilada. Rosa había obtenido el teléfono del abortero en el periodico hispano El Diario de Nueva York.
El Dr. Hayat fue acusado por las autoridades de practicar un aborto ilegal (después de las 24 semanas de gestación), y su licencia fue revocada debido a éste y otros siete casos:
La muerte en septiembre de l990 de una joven de l7 años, como resultado de la perforación del útero durante un aborto.
El aborto incompleto a una mujer el pasado mes de marzo, debido a que el esposo de esta no podía pagar los $500.00 adicionales por el procedimiento. La mujer más tarde abortó espontáneamente debido a la infección que contrajo.
Un caso en el que le dejó partes del cráneo del feto en el útero a una mujer después del aborto, los cuales tuvieron que ser removidos tres semanas mas tarde.
Según las autoridades es culpable de asalto sexual perpetrado en octubre de l990 en una paciente.
El abogado de una de las mujeres dañadas por este abortero declaró: "Este tipo es un carnicero, debían de haberle revocado la licencia.".
Actualmente las autoridades están investigando si hay alguna conección entre el Dr. Hayat y una bebita abortada que fue hallada en un latón de basura. Otra mujer hispana a quien el Dr. Hayat le perforó el útero trato de ponerle una reclamación en la corte, pero el Dr. se declaró en bancarota.
El abortero que mutiló a la bebita de Rosa Rodríguez no tenía seguro y se declaró en bancarrota, por lo que Rosa ha quedado sola con su bebita y otra niña de dos años, mientras el El Dr. Hayat apeló la decisión del tribunal que lo condenó por arrancarle el brazo a la bebita Ana Rosa Rodríguez a quien fracasó en hacerla abortar. Su abogado, Ronald Veneziano, usará el monstruoso argumento de que Ana Rosa, de 30 a 32 semanas en aquel momento, era un feto y de que "un feto no es una persona y [por lo tanto] no puede ser asaltada." Hayat, por su parte, argumenta falazmente que la decisión del tribunal "viola los 'derechos' de las mujeres al aborto."
Citas
l) & 2): New York Post, noviembre 20, l99l
3): New York Post, noviembre 26, l99l
4): New York Times, noviembre 2l, l99l
Fuente: Dave Andrusko, "Hayat to Appeal: Ana Rosa not a 'Person'," National Right to Life News, 9 de marzo de 1993, p.4.
Testimonio de Sara Smith
Sara Smith tiene 23 años y quiere vivir la vida a 100 por hora. Hacerlo todo dos veces, hacer que el día tenga, ojalá, 48 horas. Decidió vivir así cuando supo que su madre se había practicado un aborto estando embarazada de ella y de un hermano gemelo. Ese hermano no sobrevivió y Sara siente que es su deber compartir con él el increíble milagro de ser una sobreviviente del aborto.
Sara: "Los dos estábamos en un útero pequeño que fue raspado de arriba a abajo. Le quitaron la vida y yo todavía seguía ahí dentro. Perdí casi todo el líquido amniótico, pero seguía viva. Varias semanas después pude patear el vientre de mi madre y ella me sintió y decidió no practicarse un segundo aborto, decidió darme la vida."
Betty Smith, madre de Sara: "Todo lo que yo sabía es que había sentido a esa niña moverse, tal vez eran sus brazos o sus costillas, pero era una vida, estaba viva, era una persona viva. Y cuándo el médico se ofreció para abortarla, dije que no, con la misma fuerza con que la primera vez había dicho que sí. Estaba viva era una vida y nada iba a detenerla."
Sara nació prematura, con las piernas cruzadas sobre el pecho y las caderas dislocadas, vivió en hospitales hasta los dos años y medio y antes de sus 14 años ya la habían operado treinta veces. Fueron los primeros capítulos de una historia increíble, vividos en el silencio inquietante que todavía inspiran en muchos médicos sus recuerdos y sus miradas. Sus ojos son de algún modo la mirada de 18 millones de niños que han muerto antes de nacer desde que se legalizó el aborto en los Estados Unidos. Su historia es la historia que para otros no pudo ser, en este país donde lamentablemente está permitido abortar desde los primeros días del embarazo hasta un minuto antes del parto. Un país de familias pequeñas, donde tener muchos hijos puede llegar a ser mal visto, donde un sexto embarazo, como el que afrontó la madre de Sara, puede llevar a una decisión que nunca antes pasó por su mente.
La madre de Sara: "Me habían dicho que era muy egoísta, que era como una coneja, que maltrataba a mis hijos, que estaba quitándoles oportunidades a otros niños, que estaba desequilibrando al mundo por tener tantos hijos. Se burlaban de mí y cuando venían las esposas de otros amigos a la casa, y mis hijos se despertaban de la siesta, ellas decían: 'Miren, aquí vienen los conejitos saliendo de su madriguera', y eso me daba pena, y algo se desencadenó en mí esa noche. Todavía lo recuerdo y formulé un decidido voto: 'Nunca tendré otro niño'. Cuando le dije a mi esposo que quería practicarme un aborto, él no me respondió nada; fijé la cita, él me llevó al hospital y se fue a la casa. Yo pasé la noche allí y me practicaron el aborto al otro día.
El aborto fue rápido, el médico reconoció los restos de un feto y dio por terminada su tarea, era el cuerpo del hermano de Sara, hoy lo recuerdan con una lápida sobre una tumba vacía.
Sara: "Tuve la oportunidad de diseñar esa lápida, que dice su nombre completo 'Andrew James Smith, hermano gemelo de Sara'. Porque yo quería ver nuestros nombres allí. Porque pude haber sido yo, debí haber sido yo. Así que cada vez que voy, pienso en cuánto lo necesito, en que es parte de mi vida. Aunque nunca llegué realmente a conocerlo, pienso en cuánto ansío llegar a conocerlo, decirle todo lo que quiero decirle, cosas así."
La madre de Sara: "Si tan sólo hubiera sabido que no era un puñado de células como yo creía, si tan sólo lo hubiera sabido, creo que no me habría hecho el aborto. Pero si usted me pregunta por qué yo creía eso habiendo tenido cinco niños, probablemente [hubiera respondido] porque eso es lo que yo quería creer.
"A los nueve años, mucho antes de saber la verdad de lo ocurrido, Sara gastó sus ahorros en comprar estas dos figuras [de un niño y una niña]. Ella lo sabía, yo creo que en su subconsciente ella lo supo todo el tiempo."
Sara: "Cuando lo supe fue para mì un trauma terrible. Pero aunque sonara espantoso, para mí tenía sentido, yo sentía que algo me faltaba; pienso que como gemelos podían separarnos físicamente, pero siempre sentiré su ausencia."
Sara y su madre viven solas y viajan por todo el mundo en una constante campaña anti aborto que se ha ido convirtiendo en una especie de exorcismo para espantar a los fantasmas que aún permanecen entre ellas.
Sara: "A veces la gente me pregunta si odio a mi madre o si estoy molesta con ella porque me arrebató a mi hermano. Y yo les digo que he visto el dolor por el que ella ha pasado; me ha dicho tantas veces: '¡Perdón Sara, perdón, Dios quería que tuvieses a tu hermano gemelo y yo lo impedí, y traté de quitarte a ti también del medio'. Yo no tengo derecho a cargarle más sentimiento de culpabilidad sobre sus espaldas."
Así que Sara decidió quitarle tiempo al pasado y exprimir el máximo al presente. Con la urgencia que sólo conocen por la experiencia los que han llegado al límite de la supervivencia, cada minuto libre que le deja su carrera de medicina ya tiene un objetivo.
Sara: "Acabo de recibir una notificación de la Madre Teresa de Calcuta, que quiere conocerme, pasar algún tiempo conmigo, y posiblemente trabajar juntas. Estoy escribiendo un libro. Este verano voy a estudiar música, estoy haciendo de todo. Se me abren muchísimas puertas.
"La vida en sí es una aventura. Día a día no sabes lo que va a suceder, puede cambiar en dos minutos o en una hora, tan solo hay que caer en la cuenta de que todos y cada uno de nosotros estuvimos en el seno de una madre, que pudimos haber sido eliminados, pero no lo fuimos, sino que nos dieron la vida como un regalo. Si tan solo las personas se dieran cuenta de lo especial que son."
Fuente:Texto del programa transmitido por el canal 13 de televisión católica en Santiago, Chile, 1994.
Usted puede ponerse en contacto con la Srta. Sarah Smith por medio del Sr. J.T. (John Timothy) Finn,
Pro-Life America
1840 S. Elena Ave., Suite 103, Redondo Beach, CA 37205
Tel. (310) 373-0743, Fax. (310) 375-4546
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Testimonio de Gianna Jensen
La madre biológica de Gianna Jensen intentó abortarla hace 17 años. Le inyectaron una mezcla especial en el útero capaz de abrasar al feto por dentro y por fuera.
Gianna: "Se supone que después nace un bebé muerto, pero aparecí y dije '¡Hola!' y me llevaron a un hospital en ambulancia, aunque esto normalmente no suceda, porque si el bebé abortado nace vivo lo dejan morir, ya que de cualquier forma le han estado diciendo al resto del mundo que no es un bebé."
Pesaba exactamente un kilo al nacer y tenía serios problemas neurológicos que han perdurado hasta hoy; hasta los tres años vivió en hogares temporales y seis meses después la adoptaron sus padres actuales. Nunca le hablaron de lo que había pasado hasta poco después de cumplir los doce años, cuando volvió a preguntarle a su madre cuál era la razón de su problema físico.
Gianna: "Toda la vida me habían dicho que yo era así porque nací prematura y porque había tenido un parto traumático. Pero esta vez ella me dijo: '¿de veras quieres saberlo?' Yo le dije que sí. Me dijo que mi madre biológica tenía 17 años y un embarazo de siete meses y justo cuando me iba a descubrir esta tremenda verdad de mi vida, la miré y le dije: 'Ella me abortó, ¿verdad?' Lo supe antes de que me lo contase."
Diana de Paul, madre adoptiva de Gianna: "Los médicos dicen que ella tenía una increíble deseo de vivir y que eso tuvo mucho que ver con que ella se salvara."
Gianna: "Seamos o no sobreviviente de un aborto, yo creo que todos deberíamos tratar de sorprendernos por las pequeñas maravillas de todos los días y asombrarnos de que ocurran, estamos siempre tan ocupados que no nos cuenta."
La madre adoptiva de Gianna: "Pienso que ella no da por sentada la vida como muchos jóvenes que creen que son inmortales, que no tienen el concepto de que la muerte es posible.
"Cuando le conté a Gianna su verdadera historia, le dije que tenía que estar agradecida por tener la oportunidad de estar viva y creo que ella aprecia más la vida porque entiende lo cerca que ha estado de la muerte."
Fuente: Ibíd.
Usted puede ponerse en contacto con la Srta. Gianna Jensen por medio del Sr. Ron Miller en el
Embassadors Speakers Bureau
P.O. Box 50358, Nashville, TN 37205
Tel. (615) 377-9100, Fax. (615) 661-4344
Patricia Case
Hace 45 años, los padres de Patricia querían divorciarse, según la ley para poder hacerlo debían estar un año completo separados físicamente, antes de que se les concediera el divorcio. Poco antes de cumplirse el plazo, aquella mujer quedó embarazada, con lo que resultaba imposible demostrar el año de separación total.
Patricia: "Trató de abortarme.... varias veces, porque ella no me quería, yo era un obstáculo para su divorcio."
Después del tercer intento fallido, Patricia nació y fue adoptada. Llevó una vida normal junto a su familia hasta 1985, cuando por una larga pero inexplicable sensación de rechazo intentó suicidarse.
Patricia: "En la etapa de mi rehabilitación, hablé con mi madre adoptiva sobre las cosas que estábamos tratando con mi terapeuta y entonces fue cuando me habló de los intentos de aborto. Me dijo que cuando era pequeña yo rechazaba a la gente, no me dejaba abrazar, ni acariciar. Creo firmemente que muchos de mis problemas tienen que ver con el rechazo que sentía de mi madre biológica, mientras yo estaba en su vientre."
Después de su experiencia, Patricia llegó a la conclusión de que ningún problema es en realidad demasiado grande, como la larga cesantía de su esposo que les obliga a trabajar en cualquier cosa, incluso los domingos; ni la angustia de muchas mujeres como su madre.
Patricia: "Si todos los niños que se abortan en los Estados Unidos en un año fueran entregados en adopción, todavía quedarían 500,000 parejas en espera."
Fuente: Ibíd.
Testimonio de "Rivanolito"
Rivanolito es el sobrenombre por el cual muchos conocen a este joven de 15 años en un gran hospital de Cuba. Se trata de un joven común y corriente, excepto por el detalle de su sobrenombre.
Ocurrió que la madre de este joven tenía más de 35 años de edad e hijos ya mayores cuando tuvo este embarazo. Por todo esto, y por la posibilidad de que el niño presentara alguna malformación congénita u otra anomalía como el Síndrome de Down, el médico aconsejó el aborto. Fue así que la madre decidió someterse al Rivanol, un método de interrupción tardía del embarazo que consiste en administrar a la embarazada, a través del cuello del útero mediante una sonda, una sustancia de color amarillo mostaza llamada Rivanol, la cual produce fuertes contracciones y provoca la expulsión del niño fuera del claustro materno. Con frecuencia este nace vivo y llorando.
Pero sucedió que el día que esta señora fue sometida al método, la enfermera habitual de esa sala no fue a trabajar y en su lugar se encontraba otra que no tenía experiencia en esta clase de trabajo. Fue así que cuando la enfermera vio que la mujer expulsó "el producto de la concepción" (que es como en ese medio se les llama a los niños abortados) y escuchó su llanto, no hizo lo habitual en estos casos, que es abandonar al niño para que por su inmadurez pulmonar muera rápidamente. Enternecida por su llanto, corrió con él en brazos al Departamento de Cuidados Intensivos de Neonatología donde, casualmente, se encontraba de guardia un médico pro vida que dio al niño el tratamiento adecuado.
Rivanolito es hoy un adolescente que asiste a la escuela secundaria, sólo padece asma en grado leve y continúa atendiéndose con el médico que le salvó de la muerte.
Fuente: La persona que dio este testimonio prefiere mantenerse en el anonimato.
Sobreviviente de un aborto de succión y curetaje
A Tina, la madre de Heidi, le dijeron que su vida sería un desastre si tenía un bebé a los 17 años. No le dieron ninguna otra opción fuera del aborto.
Cuando el aparato de succión empezó a funcionar, Tina recuerda que su cuerpo comenzó a temblar. Sentía que le arrancaban las entrañas. Le dijo a la enfermera: "¡Me estoy muriendo!". El abortista respondió: "Vacíe la vejiga".
Luego vino la cureta, un cuhillo curvo que se usa para raspar el útero y sacar los restos del bebé por nacer. Una vez que pensaron que el aborto estaba terminado, la sorprendida enfermera le dijo a Tina: "No estás sangrando". Luego le dio antibióticos y la envió a su casa.
Después de dos meses de estar enferma, Tina le informó a su médico de cabecera acerca del aborto. El médico la examinó cuidadosamente y le dijo que el aborto había fracasado.
Debido a las complicaciones, el médico le practicó una cesárea de emergencia a las 38 semanas y como resultado nació una bella niña que pesaba 3 libras y 3 onzas y que medía 15 pulgadas de largo. El médico de Tina le puso el nombre de "la bebé milagro".
Hoy Heidi es una bella adolescente llena de energía, a quien le gustan las fiestas y comer pizza. Sin embargo, también es capaz de hablar con serenidad ante concurridas audiencias a través de los Estados Unidos. Junto a su madre, también pasa muchas horas ante las clínicas de aborto, pidiendo encarecidamente a las mujeres que no entren a estos centros de matanza donde, durante los últimos 20 años, se han destruido la vida de más de 30 millones de bebés en los Estados Unidos.
Fuente: "Heidi Huffman. She Survived a Suction Curettage Abortion." Hispanics for Life, P.O. Box 9086, Torrance, CA 90501, (310) 549-4182.
"Destinada a nacer"
Como voluntaria de la organización Birthright ("Derecho a Nacer"), que ayuda a las mujeres embarazadas en situaciones críticas, había realizado cientos de pruebas de embarazo en adolescentes. Pero cuando tuve que hacérsela a mi propia hija, Kristen, de 17 años, tenía un nudo en la garganta. El examen dió positivo y mi hija comenzó a llorar.
Durante los próximos días utilicé toda mi experiencia para aconsejar a Kristen. Le dije que la ayudaríamos con el bebé, pero no con el aborto. Me dijo que no se practicaría el aborto, que quizás la adopción era lo mejor en su caso.
Pero luego su comportamiento empezó a cambiar. Se volvió callada y distante. Yo sabía que alguien estaba tratando de hacerle cambiar de decisión y tenía que saber quién era. Pronto me enteré.
Resultó ser que mi hija, aconsejada por una "amiga", había llamado a Planned Parenthood (Paternidad Planificada) [la filial de la IPPF en EE.UU., la organización más abortista del mundo]. Allí le dijeron que ella era lo suficientemente grande como para tomar sus propias decisiones, que un bebé cambiaría su vida para siempre, que ellos la "apoyarían" y, lo peor de todo, que en todo caso no necesitaba el consentimiento de sus padres.
Kristen decidió entonces practicarse el aborto. Nuestra oración se volvió más profunda y desesperada. El día de la cita salió de la casa en silencio, retraída y con la mirada vacía. Nuestro hogar parecía una tumba.
Cuatro semanas después, regresó histérica de su chequeo en la oficina de Paternidad Planificada. Le dijeron que todavía estaba embarazada. El aborto había fracaso. Sus "amigos" de Paternidad Planificada estaban atemorizados e intentaron darle una cita para otro aborto, pero Kristen se fue corriendo y regresó a casa.
Yo misma intenté hablar con el personal de Paternidad Planificada, pero nadie quiso atenderme.
Luego fuimos a un ginecólogo para comprobar el estado del bebé. Era una niña. Mi hija me dijo: "Escuché los latidos de su corazón. ¡Esta viva!". La vimos moverse por medio del ultrasonido, parecía estar perfectamente bien. Pero luego el médico, muy serio, nos dijo que la bebé tenía varias anormalidades y le preguntó a Kristen si quería continuar con el embarazo. Ella le contestó firmemente que sí. ¡Este hombre también quería ver a mi nieta muerta!
Luego fuimos a un ginecólogo pro vida, quien, gratamente sorprendido nos dijo: "Esta bebita estaba destinada a nacer". Y efectivamente, Lauren nació pensando seis libras y en perfecto estado. Cuando contemplé su rostro por primera vez me vino a la mente una canción de la iglesia que dice: "Tu sufriste al morir, compartamos ese dolor; luego, desafiando la muerte, seguiremos vivos en la Resurrección".
Fuente: Testimonio de Pat Pulliam, "Lauren Pulliam: 'Meant to Be'", HLI Reports (marzo de 1992): 8-9.









