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Martes, 08 de Junio de 2010 22:40
Una cuarta parte de las españolas que aborta lo hace más de una vez
Quince provincias carecen de centros acreditados para la interrupción del embarazo - Un tercio de las mujeres que se someten a la intervención son universitarias y más de la mitad, solteras
El Mundo 1 julio 2002. ROSA M. TRISTAN
La mujer que aborta en España está, en la mitad de los casos, soltera, tiene entre 20 y 30 años y ha parido ya un hijo cuando decide interrumpir el embarazo. Casi una cuarta parte ha pasado por esta intervención en más de una ocasión, aun cuando deben abonar por ella una media de 375 euros (62.300 pesetas), pues sólo un 2% es atendida en los hospitales públicos.
En general, la satisfacción por el trato recibido en las clínicas a las que tienen que acudir es muy alta, mayor que la de otras europeas, como belgas o italianas, y valoran especialmente la confidencialidad que se les garantiza.
Estas son algunas pinceladas del perfil que se refleja en un estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) con encuestas a 328 mujeres que han pasado por la experiencia.Con este informe, según la OCU, "se ha querido normalizar la percepción social del aborto, que es hoy una de las operaciones más frecuentes en España".
Los datos oficiales del Ministerio de Sanidad indican que 63.000 mujeres optaron por abortar en 2000, una cifra que los expertos elevan hasta 100.000. Sólo un 27% de ellas no lo hubiera hecho si la ley lo prohibiera en los tres supuestos autorizados actualmente: violación, malformación del feto o riesgo para la salud física y psíquica de la madre. El resto asegura que se habría ido al extranjero o se hubiera arriesgado a una intervención ilegal en el país.
Estudios universitarios
El estudio de la OCU rompe con el estereotipo de la falta de formación o el bajo nivel económico: una de cada tres mujeres tiene estudios universitarios y hasta un 43% acabó la Secundaria.Para Eduardo Martín Blasco, responsable técnico de la encuesta, "está claro que el fallo está en el canal de información sobre los métodos anticonceptivos, pues la mayoría usó los menos seguros".
La cosa cambia tras el aborto. Antes de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) un 54% de las mujeres utilizaba el preservativo, y no siempre; una cuarta parte se fiaba del coitus interruptus o el método ogino; y sólo un 8% elegía la píldora. Después, sin embargo, esta última pasa a ser la preferida del 56% (siete veces más) e incluso cinco de cada 100 optan por la esterilización permanente. Sólo el preservativo mantiene cierto protagonismo.
Una vez decidido el aborto, la mayoría se informa sobre el procedimiento y los lugares a los que recurrir en centros de planificación familiar o a través de amigos.
Las andaluzas tienen la ventaja de que el sistema público de salud cubre todos los gastos, aunque se realice en un centro privado, mientras que en Cataluña y Valencia también reciben ayudas de los servicios sociales si los recusos económicos son bajos.
Distribución desigual
En otros lugares, por contra, las alternativas son muy pocas o no existen. La OCU recoge en su informe que en España hay 121 centros sanitarios públicos y privados donde se realizan abortos, pero distribuidos de forma muy desigual por la geografía española. En 15 de las provincias no hay ni un sólo centro acreditado y en otras sólo se realizan en hospitales públicos, no sin problemas."En general, hacen muy pocos abortos, practicamente sólo cuando hay riesgo de malformación del feto, pero el propio Ministerio de Sanidad reconoce que en el 97% de las interrupciones del embarazo se aduce la salud de la madre", recuerda Martín Blasco.
Entre las razones para elegir una clínica, según las encuestadas, prima su reputación y la recomendación del centro de planificación familiar. Un 11% reconoce que la eligió por tener la lista de espera más corta, pues la inmensa mayoría interrumpe su embarazo antes de las ocho semanas.
Una vez en el centro, nueve de cada 10 intervenciones consisten en una aspiración por dilatación, que dura en torno a los 10 minutos. Los abortivos orales, como la RU-486, sólo se emplean en menos del 2% de los casos; y el legrado o raspado, el método más peligroso, casi ha desaparecido.
En Bélgica la píldora se receta ya al 17% de las mujeres. En el otro extremo está Portugal, con una legislación sobre aborto con los mismos tres supuestos que en España, pero en la que la mujer puede ser condenada por aborto ilegal. Esta situación hace que allí más de un tercio de las operaciones sean legrados clandestinos.
Respecto al dolor, hay una clara división entre las encuestadas: un tercio asegura que no sintió nada y para otro tercio fue una intervención muy dolorosa. Sólo en uno de cada 10 casos tuvieron anestesia general y las demás se apañaron con la local. El responsable del estudio de OCU destaca que "en general, todas están contentas con el trato recibido, tanto las que pagan como las que no"."La satisfacción es mayor incluso que en Italia o Bélgica, donde el aborto es libre y gratuito", afirma.
También en estos países se ha realizado un estudio similar y allí las mujeres se quejan de que "el trato es más impersonal" y el papeleo burocrático agotador.
Un 'notable' apoyo familiar
Un notable alto. Esta es la nota que las mujeres que abortan otorgan a sus familias por el apoyo recibido cuando decidieron interrumpir su embarazo de forma voluntaria. Una ayuda emocional que, según la encuesta realizada por la OCU, es mayor en España que en países como Bélgica o Italia, en los que esta práctica es legal en todos los supuestos.
La necesidad de ese apoyo queda de manifiesto en la crítica que hacen a los centros sanitarios en los que no les permitieron estar acompañadas por su pareja u otras personas cercanas cuando fueron intervenidas. De hecho, la mitad lo hubiera deseado, pero sólo una de cada cinco pudo contar con esa presencia. En muchos casos, ni siquiera se les permitió compañía en la sala de recuperación.
Buena prueba de que la comprensión de la familia es la tónica general se refleja en la falta de culpabilización: sólo un 14% de las mujeres dicen que otras personas les echaron en cara su decisión.









